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Ivanildo Quaresma 31 Marzo 2021 1408

LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO


Sentados a la mesa del altar, celebramos con Jesús su última cena con los discípulos antes de padecer. El Jueves Santo celebra y actualiza la misma última cena de Jesús y supone para nosotros la antesala de la Pascua, los días más importantes del año para los que celebramos nuestra fe cristiana. Ella nos envía casi con una sola palabra que puesta en práctica, es capaz de modificar para bien, el destino de cada uno y el destino del mundo: “Amaos”. Pero no se trata de amar de cualquier modo. La propuesta de Jesús es clara: Amaos, como Yo os he amado. Para nosotros el desafío consiste en extraer consecuencias de ese “amar como Jesús”. Es tiempo de plantearnos si nuestra relación con Dios está presidida por la misericordia con la Jesús ha vivido, amado y padecido, o si por el contrario hay distorsiones en esta relación con Dios, distorsiones que también harán que nuestro modo de estar en el mundo en las relaciones sociales, no reflejen con autenticidad el Evangelio de la misericordia. En la última cena, Jesús instituye la Eucaristía, el sacerdocio y el mandamiento del amor. Además, según el evangelio de San Juan, nos da ejemplo de humildad y de servicio, queriendo enseñarnos así cuál debe ser el estilo de su discípulo: Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Lo que Jesús acaba de hacer con los discípulos es rebajarse ante ellos, ocupar el lugar del sirviente y del esclavo, hacer tareas que llevan al reconocimiento máximo de la dignidad del prójimo y no a la afirmación de la propia dignidad sobre el otro, como suele ser habitual entre los hombres. Lo otro que Jesús va a hacer en las horas sucesivas será un ejemplo aún mayor: entregarse por amor; dar la vida por amor; renuncia completa de sí mismo por amor a los otros. De todos los días del año... este quizás es, de verdad, el día del amor. De ese amor extremo e incondicional que nos da Jesús, que recibe de Padre y Madre Dios y nos da a todas y a todos. Una última cena compartida, un gesto de cuidado y servicio. En conclusión, diremos que hoy es el día en que comenzamos las celebraciones más importantes del año para los cristianos; que la Eucaristía hace siempre referencia a la muerte y resurrección del Señor; que ella nace del amor de Jesús y nos une también a nosotros en comunión, en el mismo amor de Jesús; que, por tanto, el amor fraterno es indisociable de la celebración eucarística; y que la Eucaristía es también para la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, el regalo de la presencia de Jesús hasta su venida gloriosa. Desde la Pascua de Jesús estamos en tiempo eucarístico, pues cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

 

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