¿Buscáis a Jesús? No está aquí. Ha resucitado
Jesús ha resucitado y su triunfo nos abre de par en par el camino de la esperanza, el camino de la verdadera humanidad, el camino que nos conduce al hogar de Dios sin más intemperies aciagas. El ha querido morir nuestra muerte, para darnos como regalo inesperado y más inmerecido lo que era menos nuestro: su propia resurrección. La puerta está abierta y el sendero limpio y despejado. Sólo basta que nuestra libertad se mueva y secunde su primordial iniciativa, la de Dios, la de su Amor. ¿Dónde descubrimos hoy al Resucitado? Está claro que en su Palabra, que es la que nos guía orienta e ilumina. Pero también lo vemos claramente en las vidas crucificadas de los pobres, la gente que da la vida por ellos. Animémonos unos a otros a descubrir al Resucitado en tantos lugares en los que se halla presente, especialmente en aquellos que más nos necesitan. En este día miramos serenamente el rostro del Resucitado. La resurrección revela que podemos amar más allá de la muerte y vivir haciendo el bien. La resurrección es un mensaje de esperanza en una sociedad que busca pretextos para la violencia que siempre degrada la dignidad de la persona y pone al descubierto nuestra fragilidad y la dificultad de construir la paz. Al Resucitado lo encontramos en la lucha diaria en favor de la vida, en el compromiso con los pobres y en el afecto con quienes comparten generosamente lo que tienen. Él nos precede en las personas ignoradas de nuestro tiempo porque no son rentables para determinados intereses ideológicos y económicos. El Señor nos envía para ofrecer la alegría pascual del amor fraterno. ¡Manifestemos la nueva vida en nuestros pensamientos en nuestras palabras llenas de verdad, en nuestras decisiones…! El hombre que ha perdido la esperanza, encuentra en el Señor Resucitado la luz y el vigor para reavivarla, sabiendo que una realidad mejor es posible, fundamentada en al amor a Dios y al prójimo, venciendo la pasividad, la indiferencia y el egoísmo. ¡El sepulcro estaba vacío! Ahora nuestra misión es creer y anunciar el evangelio de la alegría. La contemplación de Cristo resucitado nos ayuda a dar sentido a la vida y a la muerte, y a ver con mirada de fe los acontecimientos. ¡”Que todo el mundo experimente y vea como lo abatido se levanta, lo viejo se renueva y todo vuelve a su dignidad original por Cristo de quien todo procede”! De esto son testigos muchas personas que cuidan a los más desfavorecidos, curan a los enfermos, se hacen presentes en el mundo del sufrimiento y de la marginación, trabajan por la justicia y anuncian la salvación de Dios. Jesús Resucitado es la piedra angular del nuevo edificio que acoge a una sociedad justa y fraterna. Con su resurrección nos ha revestido del hombre nuevo.
COMENTARIOS:
- Vicente Martínez: Pascua florida y hermosa. Una respuesta soñada, una ilusión: ese Jesús resucitado que tenemos dentro, y al que debemos dejar fluir como manantial de vida y de esperanza.
- José Luis Sicre: Domingo de Pascua. Misa del día. El evangelio de Juan, que tanto nos hace sufrir a lo largo del año con sus enrevesados discursos, ofrece hoy un mensaje espléndido: ante la resurrección de Jesús podemos pensar que es un fraude (María), no saber qué pensar (Pedro) o dar el salto misterioso de la fe (discípulo amado).
- Enrique Martínez Lozano: Morir, entregarse a la vida. Probablemente todos nuestros miedos sean expresión del miedo radical a la muerte. Se despiertan siempre que tememos perder algo y, en definitiva, la muerte, para el yo, significa perderlo todo.
- José Antonio Pagola: Jesús tenía razón. ¿Qué sentimos los seguidores de Jesús cuando nos atrevemos a creer de verdad que Dios ha resucitado a Jesús?
- Dolores Aleixandre: Fugitivas (y fugitivos). Para aquellas mujeres, nada sucedió como esperaban: por mucho que madrugaron, ya el sol se les había anticipado; buscaban a un crucificado y les anunciaron a un Viviente.
