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Ivanildo Quaresma 19 Agosto 2021 878

¿También vosotros queréis marcharos?


Según el evangelista, Jesús resume así la crisis que se está creando en su grupo: "las exigencias que os he estado exponiendo son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros quienes no creen". Es cierto. Jesús introduce en quienes le siguen un espíritu nuevo; sus palabras comunican vida; el programa que propone puede generar un movimiento capaz de orientar el mundo hacia una vida más digna y plena. Pero, no por el hecho de estar en su grupo, está garantizada la fe. Hay quienes se resisten a aceptar su espíritu y su vida. Su presencia en el entorno de Jesús es ficticia; su fe en él no es real. La verdadera crisis en el interior del cristianismo siempre es ésta: ¿creemos o no creemos en Jesús? El narrador dice que "muchos de sus discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él". En la crisis se revela quiénes son los verdaderos seguidores de Jesús. La opción decisiva siempre es ésa: ¿quiénes se echan atrás y quiénes permanecen con él, identificados con su espíritu y su vida? ¿Quién está a favor y quién está en contra de su proyecto? El grupo comienza a disminuir. Jesús no se irrita, no pronuncia ningún juicio contra nadie. Sólo hace una pregunta a los que se han quedado junto a él: "¿Es que también vosotros queréis marcharos?". Es la pregunta que se nos hace hoy a quienes le seguimos: ¿Qué queremos nosotros? ¿Por qué nos hemos quedado? ¿Es para seguir a Jesús, acogiendo su espíritu y viviendo a su estilo? ¿Es para trabajar en su proyecto? La respuesta es nuestra.

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