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Robertus Kardi 02 Septiembre 2021 1644

TODO LO HA HECHO BIEN; HACE OÍR A LOS SORDOS Y HABLAR A LOS MUDOS


El evangelio de este domingo, nos presenta a Jesús que sana a un sordo (y además apenas podía hablar). El sordomudo no hace nada por acercarse a quien lo puede ayudar, pero unos amigos se interesan por él y lo llevan hasta Jesús. Así ha de ser la comunidad cristiana: un grupo de hermanos y hermanas que se ayudan mutuamente en torno a Jesús dejándose curar por Él. Jesús le sana, diciendo: Effetá (Ábrete). Es urgente que escuchemos hoy esta llamada de Jesús. Sería funesto vivir hoy sordos a su llamada, desoír sus palabras de vida, no escuchar su Buena Noticia, no captar los signos de los tiempos, vivir encerrados en nuestra sordera. La fuerza sanadora de Jesús nos puede curar.

Si vivimos sordos al mensaje de Jesús, si no entendemos su proyecto, ni captamos su amor a los que sufren, nos encerramos en nuestros problemas y no escuchamos los de la gente, entonces no sabemos anunciar la buena noticia de Jesús y deformaremos su mensaje. Por nuestra “sordera” no nos detenemos a escuchar el Evangelio de Jesús, no vivimos con el corazón abierto para acoger sus palabras, no sabemos escuchar con paciencia y compasión a tantos que sufren sin recibir apenas el cariño y la atención de nadie.

En el origen de nuestra vida cristiana, en el Bautismo, están precisamente aquel gesto y aquella palabra de Jesús: «¡Effatá! – ¡Ábrete!». Y el milagro se cumplió: hemos sido curados de la sordera del egoísmo y del mutismo de la cerrazón y del pecado y hemos sido incorporados en la gran familia de la Iglesia; podemos escuchar a Dios que nos habla y comunicar su Palabra a cuantos no la han escuchado nunca o a quien la ha olvidado y sepultado bajo las espinas de las preocupaciones y de los engaños del mundo.

 

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