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Robertus Kardi 16 Septiembre 2021 1354

QUIEN QUIERA SER EL PRIMERO, QUE SEA EL ÚLTIMO DE TODOS


¿Quién es el más importante de todos?… Los discípulos no se daban cuenta que seguir a Jesús implicaba identificarse con Él, asumiendo su estilo de vida, viviendo con sus actitudes y su manera de ser y de actuar. La actitud de los discípulos en este pasaje nos hace tomar conciencia de que eran iguales a nosotros, con sus debilidades y carencias, sus virtudes y talentos, sus anhelos y búsquedas. Las ganas de sobresalir y de ser valorado forma parte de nuestra realidad, es constitutivo de nuestro ser. Por eso, Jesús nos deja la novedad de sus enseñanzas, que son el reflejo de su manera de ser y de actuar, y nos remonta al corazón de Dios: «Quien quiera ser primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Esto es lo específico de la vida cristiana: amar y servir. Es lo que caracterizó la vida de Jesús y es la propuesta que nos hace a cada uno de nosotros. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. Amor que se plasma en acciones y decisiones. Amor que se manifiesta en las distintas tareas que como ciudadanos estamos invitados a desarrollar. Son personas de carne y hueso, con su vida, su historia y especialmente con su fragilidad, las que Jesús nos invita a defender, a cuidar y a servir. Ser cristiano implica servir la dignidad de sus hermanos, luchar por la dignidad de sus hermanos y vivir para la dignidad de sus hermanos. Por eso, el cristiano es invitado siempre a dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles.

 

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